Hay jornadas que tienen un encanto especial… de esas que nos recuerdan que la vida se disfruta mucho más cuando se comparte.
Así se vivió este 5 de septiembre en Paillaco, una jornada marcada por la alegría, las tradiciones y, por sobre todo, por la solidaridad de nuestra gente.
Hay quienes esperan con emoción la «pasá’ de agosto«, como una oportunidad para reunirse, conversar, escuchar canciones, compartir algo rico y, por qué no, estrechar nuevas amistades. Porque en cada adulto mayor existe un corazón lleno de historias, recuerdos y, muchas veces, unas ganas enormes de seguir celebrando la vida.
Y así fue. En el comedor del Liceo Bicentenario Rodulfo Amando Philippi, numerosas agrupaciones de adultos mayores disfrutaron de una hermosa mateada, compartiendo junto a autoridades y amigos, en un ambiente de cariño y fraternidad. La música también estuvo presente, y la voz de Sebastián Montero los hizo cantar, recordar y viajar por aquellos momentos que permanecen para siempre en el corazón.
Y cuando todavía quedaba mucha alegría por compartir, la tradición tomó el relevo.
En el frontis de la Subcomisaría de Carabineros de Paillaco, la agrupación Amigos por el Folclore dio vida a un gran cuecazo, dando simbólicamente el vamos a nuestras Fiestas Patrias.
Pañuelos al viento, hermosos trajes multicolores, guitarras, música, zapateos y muchas parejas bailando nuestra cueca con orgullo y emoción. Porque cuando suena una cueca, no solamente se baila… se siente Chile. Se abraza nuestra historia, nuestra identidad y esas tradiciones que queremos mantener vivas y entregar a las nuevas generaciones.
Pero este día tuvo también otra expresión, quizás una de las más hermosas: la solidaridad.
Desde muy temprano, la Oficina de la Discapacidad se transformó en punto de encuentro para quienes llegaron con la voluntad de donar sangre.
Porque donar sangre es mucho más que entregar unos minutos de nuestro tiempo. Es regalar esperanza. Es ayudar a que otra persona tenga una oportunidad. Es, sencillamente, donar vida.
Y una vez más, las paillaquinas y los paillaquinos demostraron que cuando alguien necesita ayuda, nuestra comunidad sabe responder.
Tres momentos distintos, pero unidos por un mismo sentimiento: el valor de compartir, de mantener vivas nuestras tradiciones y de tender la mano a quien lo necesita.
Una mateada que reunió corazones, un cuecazo que hizo flamear nuestros pañuelos y una jornada de donación que nos recordó que la solidaridad también es una hermosa forma de celebrar la vida.
¡Qué lindo es Paillaco cuando su gente se reúne, cuando canta, cuando baila, cuando comparte y cuando ayuda!
Que sigan llegando las Fiestas Patrias con alegría, con respeto por nuestras tradiciones y con ese espíritu fraterno que nos identifica.
Que Dios bendiga esta hermosa tierra de Paillaco, sus campos, sus familias, sus instituciones y, muy especialmente, a cada una y cada uno de sus habitantes.








